Toledo. Del 7 al 13 de enero de 2011. Nº 802. Pg. 4
MATRIMONIO = MATRIMONIO
Empujar ideas y creencias con la finalidad de conseguir sociedades más igualitarias, menos violentas y más felices es una tarea necesaria y preciosa pero no menos agotadora y por tramos a veces frustrante.
Estoy convencido de que las millones de personas que dedicamos parte de nuestras vidas a esta tarea vemos con profunda preocupación el momento de crisis mundial que vivimos y cómo a cuenta gotas se nos anuncian medidas que de alguna manera debilitarán los pilares sobre los que hemos construido este “estado del bienestar”.
El pasado fin de semana leíamos en la prensa cómo el señor Rajoy anunciaba su intención de eliminar el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo con el peligroso argumento de estar de acuerdo en todo menos en el nombre. Así mismo Mª Dolores de Cospedal expresaba que la mejor solución era habernos dado una ley de parejas de hecho en una entrevista en la revista Glamour. Les confieso el escalofrío que tales declaraciones provocaron en mí. No por lo novedosas, ya que este argumento fue más que debatido hace cinco años durante el trámite de la reforma, sino por volver a tenerlo sobre la palestra como si estos cinco años no nos hubieran demostrado nada.
Tal iniciativa popular parece sencillamente estar sustentada en una ideología que parece haber hibernado en el tiempo, que no se ha enriquecido con el resto de la sociedad de los avances generados y que peligrosamente obvia la felicidad que éstos generan, así como el respeto, el avance y la igualad.
Siento sinceramente que el señor Rajoy y la señora Cospedal no nos conocen, no tienen roce alguno con lesbianas, gays, transexuales, bisexuales y nuestras familias porque la alternativa sería demasiado cruel de creer. Parece ser incluso que ignoran cuántos militantes del PP, incluso algunos con cargos públicos o afines a su partido, han hecho uso del derecho humano del matrimonio y se han casado, como también muchos otros de ellos hicieron uso del derecho al divorcio a principios de los años 80.
Así entonces quiero hablarles de las millones de personas en este país que hemos crecido superando el insulto en la escuela, el silencio en las familias, el miedo al despido, el rechazo como norma imaginaria. Somos héroes y heroínas, porque hemos sido resistentes y hemos podido vencer la adversidad del rechazo, hemos podido ser testigos de una transformación histórica que ha generado la certeza de la verdadera igualdad, de que todas y todos, sin ningún tipo de condicionante, somos iguales ante la Ley.
Quienes han participado en cualquiera de las más de veinte mil bodas que se han celebrado en este tiempo saben perfectamente que más allá del compromiso de dos personas en ellas siempre ha habido un ingrediente más, un plus de felicidad. Ese extra de alegría que se trasmite al dejar atrás infinitas lágrimas silenciadas y discusiones familiares y cambiarlas por abrazos sinceros y reuniones donde entra toda, pero toda la familia.
La modificación del Código Civil para permitir el matrimonio a todos los hombres y mujeres de este país sin distinción por su orientación sexual trajo dignidad y sanación emocional a esta sociedad resentida por siglos de discriminación.
Sólo lo que es igual se nombra igual porque la escala de la igualdad no tiene tonos grises, no sirve la idea del “casi igual”. Y cuando el señor Rajoy habla de cambiar el nombre tengan por seguro que no desea pasar a la historia por el ser el primer presidente del mundo que genera una nueva palabra para un derecho ya adquirido. Sencillamente no ha sido capaz de ver a lesbianas, gays, transexuales y bisexuales como otro igual sino como personas a “casi respetar”.
Según Rajoy y Cospedal, no les gusta la palabra Matrimonio aplicada a nuestras uniones, o sea que no les gusta que nuestras uniones sean iguales a las suyas, pero ya les digo yo que es un tema de mucho cuidado, cambiar el estado civil adquirido es algo que han hecho sólo cuatro individuos. Hitler por ejemplo, al que no le gustaban los matrimonios entre arios y judíos; Franco, al que no le gustaba que los laicos pretendieran ser iguales a los demás y disolvió los matrimonios civiles de la República, y Mao y Stalin, quienes también disolvieron matrimonios entre los opositores a sus regímenes. Vamos, sólo dictadores, individuos que han atentado abiertamente contra la igualdad de las personas.
Por otra parte, ¿saben qué ocurrió cuando a las y los negros se les otorgó el derecho a la educación? Pues que les construyeron escuelas a parte.
Ojalá tuviéramos la seguridad de que siempre que avanzamos en derechos, éstos así se mantienen. Confiemos en que en España así sea, yo no quiero una Ley Apartheid, quiero que se mantenga la igualdad legal, la cual se me dio hace poco más de cinco años. Porque lo igual se llama igual y no se puede llamar diferente. De cambiar el nombre, estaríamos violando el Derecho Humano de la Igualdad.
Estoy seguro de que muchas y muchos de ustedes me están entendiendo, nos están entendiendo.
Alejandro Alder
Presidente de Bolo-Bolo, Asociación de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Castilla-La Mancha
PUBLICADO EN LA REVISTA ECOS.
Toledo. Del 7 al 13 de enero de 2011.
Número 802. Página 4.































